El didyeridú, a pesar de todas sus variantes, consiste básicamente un tubo ahuecado en el centro, con un orificio de entrada de aire y otro de salida. El sonido se logra haciendo vibrar los labios en el orificio de entrada de aire, el cual es amplificado y su timbre modificado durante su paso por el tubo en cuestión. La vibración puede ser modulada por el movimiento de labios o lengua, y también es posible añadir sonidos generados por las cuerdas vocales. Los musicólogos lo ubican en la misma familia de instrumentos que la trompeta, el trombón, o el erke, entre otros.

En su forma más tradicional, el didyeridú suele tener alrededor de 10 centímetros de diámetro, y puede llegar a tener más de dos metros de largo. En una variante, el orificio de entrada es bastante más pequeño que el de salida. Es común encontrar muchos instrumentos donde el orificio por donde ingresa el aire se encuentra recubierto de cera de abeja, para suavizar la superficie donde deben vibrar los labios.

Material y técnica

Los didyeridú tradicionales se construyen con algún tipo de tronco, generalmente de alguna variedad de eucalipto. La más utilizada es la de gudayka o “strungy bark”, pero también se utilizan otras como la “woolybut” o la “bloodwood”. El artesano busca un tronco que ya haya sido previamente ahuecado por la acción de termitas y fabrica el instrumento a partir de esa materia prima.

El tipo de madera, el diámetro del agujero, y el tamaño del tronco matizan el sonido final del instrumento. Por esto, la cualidad del sonido de los didyeridú tradicionales es completamente diferente a la de aquellos producidos industrialmente, en general con PVC o acrílico.

Utilizando una técnica conocida como “respiración circular”, consistente en respirar por las fosas nasales mientras se continúa haciendo vibrar los labios, se puede conseguir un sonido constante que aporta al carácter hipnótico o ritual del instrumento.